Digresión en torno al rewe gnomónico

 

del colihue al  canelo
Los tzoneck´n estaban organizados en grupos de varias familias y durante la temporada de verano, solían instalar sus toldos en las faldas montañosas de la cordillera, mientras que en el invierno, se dirigían hacia la costa, bordeando los ríos patagónicos.
Antes de la llegada de los españoles, siguiendo a las presas según la periodicidad de las épocas de caza del guanaco y del ñandú, el tzonek`n halló el reloj natural que determinaba sus tiempos en el desplazamiento migratorio de una a otra pampa patagónica.
El modo de cazar se basaba en arrojar la bola perdida, o directamente golpeando fuertemente con ella, como así también, para mimetizarse entre los ñandúes se disfrazaban con plumas y se sostenían sobre un solo pié, mientras que con el otro, a la manera de cabeza de ñandu, servía para desorientarlos y sorprenderlos.
ñandú
De esta práctica astuta y posiblemente a los efectos de optimizarla, pudo haber surgido el puelperrún o choiké-perrún, conocido como “el baile del ñandú” y quizás también, el apelativo de “pollas” con el cual los españoles se referían a los tehuelches septentrionales australes, según la clasificación de  Rodolfo Casamiquela.
Todo esto ocurrió hasta la introducción del caballo, luego de lo cual, aparecieron las boleadoras y las armas metálicas que junto al alcohol, cambiaron totalmente las costumbres ancestrales.
La introducción del caballo impactó fuertemente en las culturas patagónicas y la perturbación que produjo fue tan grande que prácticamente acabó con el auto-relato oral de su historia.
Cuando George Musters se interesó y les preguntó directamente a los tsonek´n acerca de cómo sus antepasados habían viajado de uno a otro sitio de la Patagonia con anterioridad a la introducción del caballo, la sorpresa los embargaba, ya que la alienación sufrida era tan tal que los propios tehuelches no podían concebir que alguna vez, haya existido una situación semejante (George Musters).
A esta verdadera alienación ecuestre, vale asociar otra de tipo gnomónico, evidenciada en el relato de Guillermo Cox, cuando en ocasión de sacar y consultar su reloj de sol frente a Antinao, un descendiente de hulliches, muy consternado le suplicó que lo guardara porque eso era una brujería que tal vez podía ocasionarle alguna enfermedad a su mujer (Guillermo Cox).
No hay dudas de que sus antecesores, con anterioridad a la llegada europea ya habían conocido y empleado el gnomón solar que paradojalmente en tiempos históricos se desconocía.
La Isla Victoria, con una superficie de 31 km², está ubicada dentro del lago Nahuel Huapi en la provincia del Neuquén y en el pasado, mucho tiempo antes de la llegada de los europeos, fue habitada por comunidades nativas que dejaron marcas de su presencia con pinturas sobre las piedras.
Cuando en 1620 el Capitán Fernandez llega al lago Nahuel Huapi, y toma nota de la existencia de la isla, inmediatamente cree que podía tratarse de la mítica Ciudad de los Césares, que por entonces motivó la llegada de muchos aventureros, misioneros y conquistadores.
lago
Pero al llegar a la isla, se encontró con una importante población de expertos navegantes “poyas” y también con cazadores de las estepas que como parte tzonek´n, habitaban principalmente en las zonas montañosas del sur de la Provincia de Neuquén y noroeste de la Provincia de Río Negro (tehuelches septentrionales australes, según Rodolfo Casamiquela).
Otros exploradores y misioneros, han dado testimonio de que la isla fue habitada, y entre ellos Diego Rosales dice que había indios rebeldes.
También el jesuita Miguel de Olivares se refiere a la isla diciendo que en ella se podían verificar los únicos sembradíos de la zona, con lo cual, se trataría de una población de navegantes que también practicaban la agricultura de papas, arvejas y guisantes, actividades que más tarde se fueron perdiendo y cuando el misionero Francisco Menendez a finales del siglo XVIII llegó a la isla, ya la encontró deshabitada.
Distintos exploradores fueron gautizando y rebautizando a la isla cambiandole el nombre.
Se llamó por un tiempo “Isla de Fray Menéndez”, luego en 1862 el explorador Guillermo Cox, la rebautizó con el nombre de “Isla Larga”, Más tarde durante una expedición entre los años 1883/84, Eduardo O´Connor, la rebautizó con el nombre del entonces Ministro de Guerra, Benjamín Victorica, nombre que entre los lugareños era Victoria y por lo que al transcribir este nombre se produjeron errores que luego no se rectificaron y finalmente terminó llamándose Isla Victoria.
Los hallazgos realizados en el alero Puerto Tranquilo I (Hajduk 1990) ubicado en la Isla Victoria, indican que hace unos 2000 años aproximadamente, algunos grupos humanos, accedieron a ella a través de la única vía posible: la navegación.
Los restos materiales hallados y que presumiblemente habrían pertenecido a estos primeros navegantes, refleja que su modo de vida se basaba en una economía de caza, recolección y aprovechamiento de los recursos del lago, en tanto que los restos humanos, por su semejanza, se corresponderían con el tipo humano de canoeros de Chiloe y su entorno, históricamente conocidos como Chonos (María Albornóz-Graciela Montero).
Los diversos relatos de misioneros y exploradores llegados al Nahuel Huapi, revelan diferentes grupos humanos, identificados según su aspecto físico, territorialidad y modo de vida y en ese sentido, desde las primeras fuentes escritas se habla de, Puelches navegantes del Nahuel Huapi, como navegantes del ámbito lacustre boscoso, Poyas (cazadores recolectores esteparios tradicionalmente conocidos como Tehuelches) del norte y del sur, aparentemente enfrentados entre sí, y según el relato de Nicolás Mascardi, también hubo Poyas comarcanos.
Resumiendo entonces, en cuanto a la isla Victoria propiamente dicha, debemos decir que en su suelo, quienes la habitaron supieron practicar la agricultura de papas, arvejas y guisantes y objetivamente, conforme los restos humanos hallados, sus antiguos habitantes habrían sido fuéguidos y o de procedencia fuéguida ligada a los chonos, que confirmarían las firmes sospechas que al respecto supo plantear Rodolfo Casamiquela.
Nunca se supo con certeza que les ocurrió a estos antiguos habitantes de la Isla Victoria, pero dado los testimonios de misioneros y exploradores, como así también a los datos concretos aportados por la arqueología, no hay duda alguna en señalar que además de los Poyas o tehuelches, en la región del lago hubo fuéguidos navegantes canoeros.
Posiblemente, los llamados puelches navegantes, en este caso canoeros del Nahuel Huapi, pudieron ser los tempranos mapuches que arribaron a orillas del lago (Mabel M. Fernandez) que en contacto con los chonos llegados al Nahuel Huapi e instalados en la isla Victoria, tomada originariamente como posta canoera, habrían dado lugar a los llamados puelches del Nahuel Huapí ubicados al norte del lago, aunque, no habría que dejar de lado que para Casamiquela, los puelches serían “pan-tehuelches” (poblamiento de la Patagonia).
Es muy probable entonces, que la isla haya sido originariamente una posta canoera, donde los fuéguidos pudieron reparar y reacondicionar sus naves en tanto que también, se restauraban las propias fuerzas para hacer las travesías, motivados quizás por el comercio y transporte de materiales.
Son varios los autores que hablan de la muy buena pre-disposición de los tehuelches en general, para recibir y relacionarse con el forastero, más aún, habría evidencias de que muchos de ellos, además de hablar el español, entendían y alcanzaron a expresarse bastante bien en inglés, de manera que no les habrá costado mucho relacionarse con los chonos o fuéguidos, cuando estos, conforme se deduce de los hallazgos mencionados, arribaron a la isla Victoria.
Es posible que tanto tehuelches primero, como mapuches después, pudieran fascinarse al ver que estos canoeros de cuerpo relativamente diminuto montando en sus embarcaciones desarmables, eran capaces de atravesar velozmente grandes distancias con fuego a bordo.
¡Cuan grande habrá sido la admiración frente a ellos!
Y como no buscar relacionarse en esas circunstancias, con esta manera de vivir.
Cabe preguntarse entonces que, siendo los fuéguidos de Chiloé muy buenos comerciantes (Guillermo Cox) y los tehuelches muy buenos anfitriones (George Musters), los poyas comarcanos (Nicolás Mascardi) pudieron ser el resultado étnico de este cruce entre fuéguidos con tzoneck´o patagones, en tanto que los poyas no comarcanos, pudieron ser los que Salvador Canals Frau sospecha que se llamaron a sí mismo tehulch o tewlts como dialecto del tsonek´n.
Observemos que la palabra TEHULCH o TEWLTS, en boca de los mapuches, muy fácilmente se pudo haber transformado en TEHUELCHE y/o teweltse, tanto en cuanto a la escritura (los mapuches no contaron con lenguaje escrito) como en la sonoridad, de modo que bien puede ser que estos tsonek´n cercanos a la cordillera, hayan sido los primeros con los que aquellos tempranos mapuches entraron en contacto y al escuchar como ellos se llamaban a sí mismo, los mapuches lo reprodujeron y expresaron de manera propia con la terminación en che, como apelativo de gente.
Algo parecido es lo que señalamos que pudo haber dado origen a los puelches navegantes, ya que los tempranos mapuches, arribados a las orillas del lago, pudieron relacionarse con los fuéguidos de la isla Victoria, favorecidos quizás, por la práctica típicamente mapuche de formar matrimonios mixtos con integrantes de otras comunidades (Guillermo Cox).
Así tendríamos, a los fuéguidos-mapuches como puelches canoeros y a los fuéguidos-tehuelches, como poyas comarcanos.
Solo restaría dar una respuesta a la división de los poyas que Nicolás Mascardi ubica al norte y al sur del lago.
Probablemente y dado el carácter mencionado de los tehuelches, los ubicados al norte pudieron ser influidos culturalmente por los mapuches y como la relación tehuelche-mapuche supo tener instancias conflictivas, los poyas del sur, quizás, al momento de llegar Mascardi, estaban disgustados con los norteños por someterse a dicha la influencia mapuche.
Estas, si bien son puras especulaciones a quinientos años de distancia, tienen no obstante, las bases históricas y los datos arqueológicos más arriba expuestos, que inevitable e indudablemente las inducen.
A favor del poblamiento chono y/o fuéguido de la isla Victoria, habría que señalar una curiosidad quizás poco difundida y relacionada con la llamada mapuchización, y es que conforme surge de la información disponible actualmente, en el territorio Argentino, al oriente cordillerano, en el único lugar que habita la caña Chusquea quila, típicamente andina-occidental y muy usada por los mapuches para la fabricación de flechas, es en la isla VICTORIA del lago Nahuel Huapi -Provincia de Neuquén.
Habría que indagar entonces, si esta presencia en la isla de la especie Chusquea quila, no ha venido de la mano del hombre mapuche o chono, ya que pudieron ser ellos, como habitantes de la isla- presuntamente posta canoera-, quienes la habrían introducido artificialmente y que luego, con el paso de los años, se nos aparece como si ella fuera endémica.
No hay que olvidar que los mapuches eran buenos agricultores y que este material fue muy usado para la fabricación de las flechas primero y lanzas después.
Al derrotero seguido por Juan Fernández desde Chiloé-Seno del Reloncaví, lago de Todos los Santos y luego paso de la cordillera para arribar al lago Nahuel Huapi se lo denominó “Camino de las Lagunas” y “camino de vuriloche”, y desde muy antiguo, a través de esta ruta hacia el Este, se habrían movilizado los canoeros chonos y probablemente también, los canoeros del Nahuel Huapi, descendientes de chonos y poyas o chonos y mapuches.
Estas aguas y desde tiempos prehispánicos habían sido transitada por las típicas embarcaciones de los chonos, llamadas dalkas, las que eran elaboradas con tres o cinco grandes tablas extraídas mediante la aplicación de cuñas en el veteado de la madera del alerce patagónico; madera que ofrece la posibilidad natural de rajarse y abrirse en tablas como una de sus propiedades más destacadas (maderables por cuñas).
Los chonos solían hidratar primero y luego calentar estas tablas para darle la forma deseada conforme al diseño perseguido para la embarcación y valiéndose del fuego, hacían pares de filas regulares de agujeros a lo largo de las tablas, de modo que se correspondieran entre sí para de ese modo facilitar la costura que luego se realizaba mediante sogas hechas a partir de la fibra de caña – probablemente de la caña de quila- la cual abunda en la zona, machacada y retorcida,
El modo como cocían las tablas, las hacía desmontables y permitía que las dalkas resultaran fáciles de desarmar para volver a rearmar y poder así transportarlas en los tramos terrestres que separaba a los diferentes lagos y ríos, e incluso cuando debían atravesar algún boquete andino, como es el caso delboquete PEREZ ROSALES de la ruta de voriloche.
El acabado que finalmente le daban a la embarcación, consistía en un calafateado hecho a base de hojas de un árbol llamado fiaca o mepo, sobreponiéndole luego, corteza de maque, otro tipo de árbol que tiene una corteza lisa y que le daba una apariencia muy parecida a las canoas hechas de corteza por otros fuéguidos, por ejemplo los alakalufes y o los yámanas.
Recordamos que si bién podían ser semejantes los calafateados, las dalkas eran embarcaciones estructuralmente distintas a las de otros canoeros.
La hoja de maque, también como es algo más gruesa que la morera y además glutinosa, bien machacada, era usada en Chiloe, para calafatear, ya que con el agua se esponja y le cierra totalmente su paso.
Los anclas se fabricaban con maderas duras y o piedras.
Se cree que esta manera de construirlas, fundamentalmente cocidas, sin clavos ni entarugados, les daba a las embarcaciones una flexibilidad que junto a todo lo dicho, las hacía sumamente aptas para el recorrido interandino y para el impacto de las aguas de los rápidos y o las olas del mar.
La dalka, aparentemente habría llegado a Sudamérica desde la polinesia y era llamada Wangka entre los polinesios y como tipo de embarcación hay que destacar que no tenía quilla, era más bien angosta, larga, liviana y sin roda (prolongación de la quilla en dirección vertical o inclinada sobre la proa).
Tampoco tenía codaste (prolongación con que termina el buque por su parte de popa unida a la quilla); era de fondo plano como para vararse sin dificultad en la playa y sin tumbarse.
Originariamente la dalka era impulsada mediante remos, aunque las hubo con la incorporación de una vela fabricada con cuero de lobo marino extendido entre dos palos, con la forma típica de la vela chilota.
La dalka estaba construida con materiales propios del mundo circundante, el alerce patagónico, las hojas de fiaca y la fibra de caña.
En cuanto al tamaño, las había de medidas muy diversas que variaban desde chicas de unos 3,5m hasta grandes de casi 11m.
Del mismo modo que en la Araucanía existe una localidad que se llama Lumaco honrando a la luma como madera de la cachiporra mapuche, en Chiloé existe Dalcahue, que hace lo propio respecto a las dalkas.
Se dice que fue un tal Goicueta quien habría viajado con Cortés Ojeda a mediados del siglo XVI quien habría dado cuenta de este tipo de embarcaciones encontradas en Reloncaví, y que fuera Diego Rosales, quien relato que los habitantes originarios de Purailla, asentados a orillas del lago de Todos los Santos, muy próximo al lago Nahuel Huapi, solían azotar a los establecimientos españoles de Chiloé, bajando por el desaguadero del río Petroué.
Evidentemente, todo esto no hace más que reforzar la idea de que la navegación Este-Oeste y viceversa, era frecuente entre los habitantes originarios de la Patagonia, desde muchísimo tiempo antes de que llegaran los españoles, con lo cual en el área del lago, sin ninguna duda, han interactuado diversas etnias, probablemente fuéguida, huárpida, láguida quizás y el resultado de ellas, los tehuelches, con todas ellas y más tarde, luego de que los tempranos mapuches migraran hacia el Este, interactuaron también, con estos mapuches probablemente llamados puelches.
La conveniencia de usar estas embarcaciones originarias, para atravesar la cordillera navegando por sus irregulares ríos de montaña, lagos y transitar algunos tramos de a pié, fue reconocida por el propio capitán Juán Fernandez, cuando en 1620, cociendo y descociendo dalkas, el mismo se trasladó con 46 hombres desde Calbuco al lago Nahuel Huapi, atravesando el mar, tramos de tierra, ríos y lagunas.
Se cree que pasó hacia el lado Este, atravesando el paso de los Raullíes o quizás por el paso de Pérez Rosales. (Ximena Urbina)
Según algunas fuentes históricas, entre las armas originarias que se usaron en la Araucanía, debemos mencionar en primer lugar a la macana o maza, la cual era un arma tan terrible, que según se cuenta, podía derribar a un caballo.
Constaba de un palo duro de unos tres metros de largo y tan grueso como la muñeca del portador. Poseía una punta abultada a la manera de una típica cachiporra hecha con luma (Amomyrtus luma), madera que no se pudre con facilidad y que permita hacer armas muy contundentes para propinar fuertes golpes.
La luma o luma colorada, es una especie arbórea perennifolia siempreverde que crece en los bosques templados de Chile y Argentina. Este tipo de cachiporra, se dice que era usada por los habitantes originarios de la Araucanía como arma larga y para la persecución del enemigo, solían usar las boleadoras que arrojaban a las piernas con el fin de poder derribarlo.
Como dato turístico que refuerza la idea en cuanto a la importancia de esta madera y uso, es que Lamuco en mapuzungún significa Agua de luma y con ese nombre, hoy se conoce una comuna de la Araucanía.
Otra de las armas originarias era la flecha de quila, de más de medio metro de largo, hecha con un tipo de caña, la quila, (Chusquea quila) que generalmente era usada para la caza más que para la guerra.
La punta de flecha se hacía de hueso o de piedra bien afilada.
La Chusquea quila es una especie típicamente chilena y se distribuye desde la Región del Biobío hasta la Región de los Lagos y también habría sido utilizada para fabricar las picas con procedimientos semejantes a los llevados a cabo para las flechas.
Más tarde y posiblemente como consecuencia de frecuentar con grupos tehuelches que solían usar una especie de lanza pesada, los originarios de la Araucanía, habrían incorporado la lanza como arma, pero teniendo la experiencia de trabajo y disponibilidad de la quila (Chusquea quila) para la fabricación de flechas, al adoptar la lanza como arma larga, la habrían fabricado de la misma caña del tipo quila.
Así surge la huaiqui, un tipo de lanza ligera muy apropiada para el uso de a caballo, hecha primeramente como hemos dicho de caña de quila (Tomás Guevara) y de aguijón o punta chamuscada o provista de pedernal afilado.
Más tarde, al volcarse hacia los territorios del Este cordillerano donde abunda el colihue (Chusquea culeou), habrían comenzado a fabricar las lanzas con caña colihue, material que finalmente prefirieron a todas las otras cañas porque es recta, maciza y abunda en las cercanías del lago Nahuel Huapi.
En ocasión de un intercambio de regalos, George Musters, recibió de manos del gran Cheoeque, cacique de unos 35 años de edad, hijo de madre tehuelche, una de las lanzas típicas que solía usar su gente. Medía de 15 a 18 pies, (unos 4,5m a 5,5m) de largo y muy liviana <<porque el mango estaba hecho de una caña muy parecida al bambú, que crece en los bosques de la cordillera y tiene el grosor del asta pica sólida>>.
En esa oportunidad, Musters, sin saberlo, dejó la lanza apoyada sobre un toldo, ante lo cual y de inmediato, fue advertido de que a estas armas, solo hay que dejarlas horizontalmente tendidas y/o, en su defecto, perpendicularmente plantada en el suelo, (cual si fuera una vara gnomónica decimos nosotros), ya que cualquier otra posición era señal de guerra.
No se aclaró, en esa oportunidad, si esa señal era a modo de presagio y o de provocación, lo cierto es que, para aquellos habitantes de la Patagonia septemtrional austral (Rodolfo Casamiquela) era normal y aceptado plantar verticalmente una lanza, como la que al parecer serían de caña colihue, porque no era entendido como lenguaje de guerra, dado que quizás en esa posición solían cumplir con funciones gnomónicas.
Las lanzas tehuelches, eran completamente diferentes a la de los mapuches y de los pampas, y solo se la usaba para el combate de a pié, ya que consiste en una pesada asta de madera dura, generalmente de la especie Berberis sp, de un largo cercano a los 5,5m, y en cuyo extremo, se colocaba una hoja afilada de unos 0,50m.
Esta lanza en manos de un tehuelche, que además para el combate cuerpo a cuerpo también se proveía de una gruesa protección de cueros de guanaco superpuestos y una túnica larga para cubrir los brazos y el cuerpo, era sin duda alguna, un arma tan formidable, que puedía atravesar completamente el cuerpo de una persona.
Los selk´nam para la caza de lobos marinos, solían seleccionar las maderas más livianas y capaces de flotar, como es el caso de la Ribes magallánica (Laura Caruso Fermé, Myriam Álvarez y Martín Vazquez).
Si bien la lanza tehuelche era pesada y diseñada para el combate de a pié y por el contrario la araucana, era liviana y se la podía usar a caballo, en La Patagonia, ambas lanzas por igual, eran manejadas bajo un mismo lenguaje.
mapuche
Si se la apoyaba sobre un toldo tehuelche y o una ruka mapuche, o si no estaba tendida o perfectamente plantada a 90º del piso, era señal de guerra y a veces, solían ser parte de un ritual que George Muster no desentraña pero lo describe diciendo que en oportunidad del encuentro entre Casimiro y Quintuhual, varios caciques, entre los que había mapuches y tehuelches, clavaron cuatro lanzas en el suelo, una de ellas con un trapo y o poncho blanco, para luego marchar en torno a ellas pronunciando palabras de oración.
Evidentemente que, este ritual abstraído del contexto tehuelche, nada nos dice, pero si asociamos a la estructura circular del rito marchando alrededor de las cuatro lanzas, la ttradicional circularidad de tres giros por sobre la cabeza antes de arrojar la bola perdida, la inevitable circularidad que ofrece la línea de horizonte en la mirada de las pampas patagónicas, el conocimiento que presumiblemente los tzoneck´n tenían de la relación del triple diámetro del círculo con la circunferencia, y finalmente a todo esto lo vinculamos con el desarrollo de la práctica de fumar, no sería descabellado pensar que el trapo blanco puesto en una de las lanzas, podía ser el modo de señalar uno de los cuatro puntos cardinales; quizás el Este, por ser el del Sol naciente.
Según George Musters, para disponerse a fumar, el tehuelche preparaba la pipa, la encendía, luego se tiraba al suelo y recién después de lanzar cuatro bocanadas de humo, una a cada uno de los puntos cardinales (previamente reconocidos) y de mascullar una oración, tragaba algunas pitadas y de ese modo, se embriagaban entrando en una inestabilidad que les duraba unos minutos.
Conviene aclarar, para no confundir, que los tehuelches meridionales no mezclaban el tabaco con estiércol, práctica que al parecer, por los relatos de A. Guinnard, solían llevar a cabo los pampas y no los patagones como el describiera.
Del mismo modo en que el círculo hablaba de su triple relación intrínseca con el diámetro y viceversa, los tres diámetros eran equivalente al círculo, (ver mito tehuelche)
La lanza en la Patagonia, hablaba el lenguaje cosmológico del círculo y de los puntos cardinales entendidos como los cuatro cielos inmediatos, dentro de los cuales, el del sol naciente como cielo claro y de luz, pudo ser representado con el trapo blanco.
De esta manera, además de presagiar y/o indicar la posibilidad de la guerra, la lanza era sin duda alguna, parte misma del lenguaje cosmológico.
¡cabe preguntarse entonces!
¿Los tehuelches, sabiendo como evidentemente sabían, que la cantidad de lunas visibles y cielos del año trópico era igual a la cantidad de pies propios que tiene la altura humana, como no iban a representar todos estos conocimiento con siete (7) entrenudos de una lanza de colihue verticalmente clavada en el suelo a 90º, la que además de cumplir con las funciones gnomónicas, pudo ser también sacralizada para luego en torno a ella, mascullar oraciones a modo de altar hierológico nómade, tan móvil como su mismo nomadismo?.
rewe 3
Más aún, la choza del Hain selk´nam, (directos descendientes tsonek´n), fue de alguna manera una construcción gnomónica e hierocéntrica basada en siete postes principales ubicados convenientemente y según los ejes gnomónicos equinocciales y solsticios extremos.
Recordemos que, según lo afirmado por Anne Chapman, en la subjetividad selk`nam sobrevivió la creencia de que alguna vez, sus más remotos antepasados (sospechamos pre-tzonek`n) supieron levantar una gigantesca choza ceremonial con piedras en lugar de troncos, creencia esta que pudo haberse transmitido por generaciones y que como frustrado intento de realización (ya que no habrían dejado evidencia alguna), los tzonek`n y los selk`nam, bajo transmisión oral llevaron la información implícita y sin estructurarse en la subjetividad, hasta que finalmente los selk´nam, sin llegar a concretarlas tampoco, la supieron manifestar explícitamente a la manera de un acabado Míto STONEHAIN de su pasado originario.
<<los hombres más sagaces y fuertes -hoowin- se reunieron en la región de Máustas, en el sudoeste de la isla, donde construyeron enteramente de rocas, la primera choza del Hain de los hombres>> (Anne Chapman).
La circularidad de una imaginaria y lítica choza del HAIN, necesariamente nos remite a la circularidad del muy difundido STONEHENGE BRITÁNICO y curiosamente hallamos que, ambas estructuras, aunque diferentes y distantes, se apoyan en pilares orientados gnomónicamente sobre latitudes iguales de hemisferios opuestos, cercanos a los 51º aproximadamente.
Desde lo estrictamente gnomónico hay semejanzas básicas entre ambas estructuras, de modo que si a ello sumamos el incumplido deseo de los Selk`nam, de contar con su mega-estructura lítica y conjugamos estos datos objetivos con los subjetivos transmitidos en los mitos, sin duda alguna que se pone al descubierto una muy curiosa coincidencia, la cual, necesariamente exige ser evaluada y pone de relieve el fuerte carácter gnomónico de los henges o circularidades entre las culturas originarias de todo el mundo-
Ante estas semejanzas estructurales y la mítica construcción originaria, nos permitimos pensar que como la mayoría de las culturas originarias lo evidencian, la truncada evolución ulterior tsonek´n, inexorablemente se orientaba hacia las construcciones líticas y/o megalíticas, y a reafirmar de esa manera, la idea de que desde el cuerpo humano, tomado como instrumento gnomónico, pasando por el poste o caña colihue tzonek`n, se habría orientado necesariamente hacia el menhir gnomónico y del tallado de la piedra, a la estela gnomónica cual póstuma realización de figuración antropomorfa.
Indudablemente, es en la estela gnomónica antropomorfa donde la reproducción de la figura humana, marca un retorno de la ulterioridad alcanzada evidencia el retorno a sus orígenes esencialmente humanos.
El gnomón nació con un palo o lanza en reemplazo del cuerpo humano, y su evolución que lo llevó a la figura antropomorfa de la estela como un dialéctico retorno al mismo cuerpo del cual partió y que Protágoras entendía como medida de todas las cosas; fué la reproducción de/sí en otro fuera de/sí, el oro yo, el que permitió el para/sí con el que el en/sí de aquellos humanos precedentes pudieron haber comenzado a reflexionar y como sujetos tomarse cual sus propios objetos.
Algo así como un inevitable retorno a la inmediatez y renacer de lo humano sobre una nueva naturaleza, de mayor complejidad, donde la racionalidad y la efectividad de la mano del hombre, se ponen en evidencia alterando y dominando el entorno inmediato y el medio.
Así el cuerpo humano, la lanza, el poste, el menhir y la estela antropomorfa, se conjugan con el lenguaje y la cosmovisión, a partir de sus funciones gnomónicas.
Este lenguaje de la lanza en los tiempos históricos, no era excluyentemente tehuelches ni tampoco totalmente mapuche, ya que como hemos dicho, ni Cheoeque siendo cacique mapuche, tampoco lo era de origen, aunque si en algunos aspectos muy significativos, se podía notar la influencia cultural mapuche; por ejemplo, las viviendas de los manzaneros <<eran todas estables, es decir no armadas de modo que se las pudiera transportar en marchas >> como son las típicamente tehuelches.
En cuanto a los picunches, también considerados por los manzaneros como una rama mapuche, << tenían una fisonomía enteramente diferente de la de los araucanos >>- (Musters).-
Resumen final
La lanza de colihue de siete entrenudos, pudo ser el gnomón nor-patagónico representando primariamente al cuerpo humano y este gnomón, a su vez, pudo ser lo que reinterpretado y reproducido como rewe mapuche (los que originariamente tenían nueve escalones) por los tempranos mapuches llegados allago Nahuel Huapi, llevara con su evolución, al conocido rewe gnomónico de siete escalones de toda la patagonia.
La lanza mapuche más liviana, se adaptaba muy bien para ser usada de a caballo, en tanto que la tehuelche originaria, más pesada, la usaban en combates de a pié.
Estos relatos, nos advierten del uso de la caña colihue para la fabricación de las lanzas en la Patagonia meridional boreal, área geográfica donde según algunos hallazgos, los poyas o tehuelches de esas latitudes, desde muchos años anteriores a la llegada de los tempranos mapuches y españoles, ya usaban el colihue.
Hay hallazgos en un sitio cercano a Teckal, en Piedra Parada – al norte de Chubut-, de un fragmento de caña colihue decorado con incisiones escalonadas semejantes a las que se observan en las paredes del sitio.
La datación de esta caña colihue podría ser cercana a los 1.330 años AP, antigüedad cercana al registro de un cambio en la producción artística del área que dio lugar a la aparición del estilo de grecas en la región (Julieta Gomez Otero- Cristina Belleli), y que no habría que descartar, de que se trate o vincule con la probabilidad de ser un proto-rewe o gnomón de caña anterior al kemul kemul o praprarewe (escalera en mapuzundún) de siete escalones del cual no tenemos datos ni respaldo arqueológico concreto.
No obstante esta falta de datos concretos, habría indicios suficientes quizás, para darle entidad teórica, y provisionalmente asignarle un nombre tzonek`n. Lo llamaremos Kel Hul Kel Hul (Pié – madera de leña).
A ciencia cierta no lo sabemos, pero todo lo expuesto nos habla a las claras de la antigüedad del uso de la caña colihue por parte de los tehuelches o tsonek´n que habitaron la parte boreal de la Patagonia oriental en una latitud cercana a los 45º, sitio patagónico donde, por otro lado, la sombra equinoccial del mediodía se iguala justamente con la altura.
También se hallaron algunos enmangues de colihue con dibujos típicamente tehuelches y en las zonas costeras de la provincia, se descubrieron enterratorios de indudable procedencia tehuelche (Julieta Gomez Otero- Cristina Belleli).
Sumado a todo esto, no debemos olvidar que es al norte de esta zona es donde más tarde, como cruzamiento de etnias, surgen los Ranqueles que en su nominación se hace referencia al lugar donde habitaban “las gentes de las cañas”, (rankül o ragkül = caña) –
Para concluir, podemos decir que la lanza de colihue pudo ser el gnomón de siete entrenudos tehuelche (que para darle entidad teórica, dimos en llamar provisionalmente Kel Hul- Kel Hul) sobre el que los puelches, como tempranos mapuches llegados a la región, habrían reinterpretado y reconstruido solsticialmente en siete escalones su rewe originario de 9 escalones, posiblemente vinculado a los ciclos de Venus, en figura antropomorfa.
Finalmente los mapuches tardíos, serían quienes lo rehicieron totalmente antropomorfo y de momentos europeizado, con el agregado de un sombrero típicamente inglés o en algunos casos, a la manera de un -Chemamull o Che Mamüll (Che Mamüll figura humana en madera de anclaje permanente en el piso, de unos 4 metros de altura), pero contrariamente a su carácter fijo, el nuevo rewe gnomónico era liviano y ambulante-, destinado seguramente a la ceremonialidad semi-nómade propia de las pampas del Este.
Al pretender desambiguar el concepto, nos encontramos con que el rewe es para algunos equivalente al Kemu-Kemu (de sonoridad parecida a kel hul-kel hul), en tanto que para Juán Ñaculef Hulaquinao, Kemu-Kemu es la alquimia espiritual mapuche que se lleva a cabo junto al rewe, representada con el agua, hojas y cáscara de Canelo).
Para la mayoría mapuche, el rewe, rehue o regue, es el p”raprawe (Aukanaw)- o praprarewe (-escalera-Casamiquela).
 rewe 2
Hace unos mil años aproximadamente que en las cercanías del actual río Sengerr, se habría producido un cambio estilístico que marcaría el advenimiento de lo que conceptualmente se denomina “estilo de grecas”.
El de grecas, es un estilo basado en la combinación de ángulos rectos articulados mediante escalonamientos o grecas de un mismo dibujo que se repite, a veces rítmicamente.
En los momentos finales del desarrollo de este estilo, los mismos motivos pintados sobre soportes fijos, se pintaron sobre soportes mobiliarios tales como placas, hachas vasijas e incluso en cañas colihues (Julieta Gomez Otero- Cristina Belleli), con lo cual, no habría que descartar que las lanzas de cañas colihue destinadas a cumplir entre los tehuelches con la función gnomónica, no solo hayan sido divididas naturalmente por siete entrenudos, sino que además, cada uno de estos entrenudos, debió ser decorado quizás, con incisiones escalonadas semejantes a las observadas en las paredes y los restantes soportes móviles, con lo cual, estas piezas móviles y artísticamente decoradas, al ser asimiladas y reproducidas más tarde en el estilo figurativo y antropomorfo sobre madera, que caracterizara a la cultura mapuche, no solo se hubo limitado a la pintura de las divisiones escalonadas, sino que dimensionalmente, habría avanzado en profundidad y simultáneamente convirtióse en esculturas antropomorfas sobre soporte de canelo, escalonadas mediante incisiones concretas realizadas sobre la madera.
De esta manera se habría hecho la travesía hierognomónica que va desde el colihue al canelo de siete escalones.
purrá
BIBLIOGRAFíA
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METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA———–Juán SAMAJA
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ANÁLISIS ARQUEOBOTÁNICO DE PIEZAS DE MADERA DEL EXTREMO AUSTRAL AMERICANO
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Economía y sistemas de asentamiento aborigen en la cuenca del río Limay
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LA FRUSTRADA MISIÓN ESTRATÉGICA DE NAHUELHUAPI, UN PUNTO EN LA INMENSIDAD DE LA PATAGONIA
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Graciela BLANCO
La Patagonia central: poblamientos y culturas en el área de Chubut
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La Ciencia Secreta de los Mapuche
Aukanaw- Auca Nahuel , (1897-1994).-
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NAHUEL HUAPI:
ANTROPOLOGÍA E HISTORIA REGIONAL DE UN ÁREA DE FRONTERA
Lic. Ana María Albornoz- Lic. Graciela Montero
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Historia de la Navegación
PRIMITIVOS MEDIOS DE NAVEGACION-Publicación 4-DALCA.
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REFERENCIAS
Chusquea quila —————————-http://es.wikipedia.org/wiki/Chusquea_quila
Rubén CALVINO
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