ARQUEOLOGÍA, EPIGENÉTICA Y HUMANIZACIÓN

¿Qué nos ha convertido en humanos? 

¿Qué nos diferencia del resto de los primates?
¿Qué nos hizo perfeccionar el bipedismo y la condición eréctil?

 

0Recientemente se verificó que las evidentes diferencias genéticas entre nosotros y los neandertales de Oviedo y Cantabria, según un grupo de investigadores del Instituto Max Planck, de las Universidades Hebreas de Jerusalén, se deben al epigenoma entendido como conjunto de circunstancias que influyen en nuestra carga genética sin modificar la secuencia del ADN, algo así como si la diferencia no está en los genes en sí mismos sino en su relación coreográfica a lo largo de la existencia.

De esta manera, desde la mirada gnomónica decimos que si la carga de circunstancias experimentadas (epigenoma), sin modificar el ADN específico del género homo, modificaron la relación coreográfica o epigenética de los genes y esta modificación a su vez produjo evidentes diferencias genéticas entre nosotros y los neandertales de Oviedo y Cantabria, las diferentes circunstancias derivadas de las diferentes posicionamientos relativos del Sol e intensidades verificadas a diferentes latitudes geográficas, pudieron producir diferentes epigenomas derivados de los comportamientos también diferentes y acordes con estos condicionamientos solares y consecuentemente, derivar en los diferentes tipos humanos neandertales (gélido) y sapiens/ sapiens (gnomónico), entre otros.

El trabajo mencionado mas arriba, fue publicado en la revista Science y sostiene que las diferencias epigenéticas entre sapiens, neandertales y denisovanos, explican las diferencias morfológicas en los huesos de las distintas especies. Así, el tamaño y diferencias de las manos y los dedos, o la longitud del fémur, estaría determinado por la epigenética.

¿Por qué entonces dudar de que el esfuerzo cosmológico por producir sombras rectas, controlables y medibles para con ellas orientarnos en el espacio y el tiempo, haya sido en la evolución, un factor epigenético determinante para nuestra conversión anatómica en gnomon zoológico?

Es posible entonces que los comportamientos desarrollados en procura de producir sombra a voluntad, bién pudieron configurar al epigenoma que justifique algunas de nuestras diferencias en la complexión física, la gracilidad y fundamentalmente el bipedismo y optimización de nuestra condición eréctil.

Es posible también que la carga de circunstancias experimentadas que derivaron en un epigenoma determinado, aún sin modificar el ADN específico del género, una vez alcanzada la diferenciación, hayan contribuido a potenciar la posible modificación genética  que, por ejemplo, diera lugar al precúneo en el parietal de nuestro linaje.

Esta perspectiva abre un abanico de nuevas posibilidades a las que se suman las aseveraciones de Bruce Lipton (1947), doctor en Medicina e investigador en biología celular nacido y residente de Nueva Zelanda, quien dice que:

Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos>>

y continuando con esta mirada afirma que:

cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética.>>

 


¿Pero donde encontrar las respuestas a nuestros interrogantes?

¿Qué nos ha convertido en humanos? 
¿Qué nos diferencia del resto de los primates?
¿Qué nos hizo perfeccionar el bipedismo y la condición eréctil?

Las preguntas son generales, con lo cual difícilmente encontremos las respuestas en alguna de las ciencias particulares, por lo tanto, en este punto nos detendremos para ensayar una salida por elevación que nos ubique encima de los apretados marcos de las ciencias particulares para poder luego, volver a bajar y resolver las particularidades del caso, ya que en el fondo de estas preguntas, silenciosamente subyace la interrelación mutua entre la subjetividad y la objetividad pasando por diferentes estadios de confrontación y resolución recíproca para las que no alcanza responderse con el enfoque de ninguna ciencia particular que en su matríz no contenga estas categorías.

Por tal razón decimos que la respuesta es filosófica y requiere un planteo e interpretación de la relación entre el sujeto humano y su cuerpo que intente situarse y reproducir  el momento mismo en el que nuestros pretéritos ancestros, comenzaron a experimentar de manera diferenciada con su propio cuerpo, el cual, a nuestro humilde entender, fué experimentar con el propósito de producir sombras solares, primero jugando (antropos gnomón) y mas tarde a voluntad (sapiens gnomónico).

En ese intento por reproducir y entender la relación sujeto/objeto, hay que tener en cuenta también, que motivados por ver las sombras del propio cuerpo, nuestros ancestros se sintieron impulsados a la reproducción material y exterior de su anatomía en forma de gnomón vertical, y es en ese momento y actitud, que la relación sujeto/cuerpo se convierte en sujeto/gnomón y ambas relaciones se manifiestan como expresiones de la relación mas general sujeto/objeto.

Conforme lo apuntado, esta dialéctica que se entabla entre el sujeto y su cuerpo tomado como objeto, es un proceso de retro-alimentación mutua o dialéctica que se comporta de modo tal, que el sujeto se tomaa/sí como su propio objeto y consecuentemente se moldea y reproduce a/sí mismo conforme sea su objeto.

En ese moldear y reproducirse a/sí, el humano toma consciencia de su actuar en/sí, es decir que “se hace consciente de los efectos de su acción” y en algún momento decide hacerlo también fuera de/sí por medios no biológicos, de modo que lo resuelve extendiendo su propio cuerpo exteriormente y en forma de gnomón.

Así la reproducción material y exterior del propio cuerpo para cumplir funciones gnomónicas observables y medibles, pasó de ser un simple palo o lanza a un poste, luego a un menhir y finalmente, conforme se fue dominando la técnica, se manifiesta artísticamente en formas antropomorfas.

Como hemos dicho, el humano pretérito al reproducirse a/sí, fuera de/sí, reproduce la misma relación dialéctica entre cuerpo/sujeto entre el objeto gnomónico exterior y el sujeto. Relación dialéctica que se verifica como entre el cuerpo material inorgánico producido (objeto gnomónico) y el el sujeto humano hacedor (homo faber

Como vemos, las respuestas a los interrogantes no las vamos a encontrar en las ciencias particulares, porque en ninguna de ellas se plantean estos temas como sus problemas y mucho menos si a todo esto le agregamos que es el ser humano el único animal que como resultado de la relación dialéctica entre lo producido y el sujeto productor, descubre que las cosas son, es decir, que las cosas existen y que como coronación de todo esto, ocurre que para expresar al SER en todo momento y lugar, aunque lo haga casi sin nombrarlo, lo hace sistemáticamente en el lenguaje y a través de lo que se constituye como “la máquina simple del lenguaje“, –la proposición universal– diciendo que EL SUJETO es EL OBJETO y universalmente también, que EL OBJETO es EL SUJETO.

A través de las diferentes formas y tiempos verbales usados en el lenguaje predicativo de lo que definimos como la máquina simple del lenguaje, el SER se constituye como punto nodal de la palanca ideal en la que pivotea la relación dialéctica Sujeto/Objeto (proposición universal) y a partir de ahí, todo se convierte en un problema ontológico al que fuimos arrojados a ser… y en ese ser, hicimos y nos hicimos y en ese hacernos, seguramente hicimos cosas diferentes a nuestros cercanos parientes del género homo, como los neandertales por ejemplo, que bajo las condiciones de otras latitudes mucho mas altas y frías que las de nuestros primeros ancestros, no se vieron impulsados a jugar con las sombra de una incidencia solar mas débil y escasa, en las que vivieron.
Los de nuestro linaje, hemos experimentado desde muy tempranamante con el sol y las sombras y de esto hay que tomar nota en base a la abundante evidencia arqueológica sembrada por todo el planeta, de modo que esa experiementación, ejercida como acción sobre el medio y simultáneamente también, epigenéticamente sobre nosotros, indudablemente tuvo que haber incidido en lo que llegamos a ser; y todo esto, nos permite inferir filosóficamente que – hubo algo que hicimos distinto para ser distinto– y ese algo que hicimos distinto y nos hizo distintos, tuvo que ser una  actividad práctica concreta y sostenida en el tiempo, por lo que al indagar en torno a las actividades prácticas que persistentemente y desde tiempos remotos solo hicimos nosotros, las evidencias arqueológicas nos indican que fue laexperimentación gnomónica con nuestro propio cuerpo primero y con el gnomón exterior luego.

bosquimano en perfecta posición gnomónica

¿Porque la experimentación gnomónica y no cualquier otra?

Porque es una actividad solo verificada en el Homo sapiens/sapiens  que para su experimentación con el cuerpo propio en función de gnomón vertical y ambulante, se requiere que el animal que lo intente, logre lo que hemos logrado nosotros, esto es, optimizar nuestra condición eréctil, alcanzando para ello la perfecta verticalidad corporal y una adecuada y suficiente gracilidad anatómica como para asumir posturas y formas corpóreas que no solo faciliten la producción de sombras a voluntad, sino que también permitan su control y medición, que es lo que nos muestran las evidencias gnomónicas en los sitios arqueológicos en general, pero muy particularmente los relatos y los mitos creacionistas de muchísimas culturas originarias del mundo.

En los sitios arqueológicos es muy común hallar templos, cuevas o menhires que tienen alguna relación con el sol y los puntos cardinales como así también en muchas de sus mitologias, al correr el velo de sus héroes, se verifica que en ellos subyace algún tipo de experimentación gnomónica, la cual en un principio se tuvo que hacer con el propio cuerpo en función de gnomón, conforme a su vez lo confirman numerosos relatos y costumbres originarias.

En vista de ello, decimos que la actividad práctica experimental con el propio cuerpo en función de gnomón productor de sombras solares, pudo tener un lugar de relevancia y generatriz de la diferenciación epigenética primero y posiblemente orgánica después y ser esta experimentación gnomónica desarrollada por miles de años, la responsable de nuevos y diferentes órganos (precúneo) que hicieron de nosotros, lo que somos.

Esta cuasi/certeza que como vimos surge en el contexto filosófico y que afirma que hubo algo que hicimos distinto para ser distinto, fue una actividad práctica al principio ligada a lo lúdico y mas tarde a la razón.

El jugar a producir sombras solares con el propio cuerpo primero, como resultado de ser un antropos gnomón para mas tarde hacerlo a voluntad como un autoconsumado sapiens gnomónico, pudo estimular el surgimiento del precúneo como órgano dentro del parietal y tal vez, este pudo incidir sobre la estructura, complexión, gracilidad y optimización del cuerpo éntero como perfecto gnomón vertical y ambulante.

Posiblemente también, esa tendencia se haya visto reforzada e incentivada por la práctica alteradora y modificadora de la materia inmediata fuera de/sí, en pos de la reproducirnos a/si, de cuerpo entero, para de esa manera vernos fuera de/sí y ver las sombras también, de modo tal que nosotros nos vimos como objetos y pudimos mejoramos incidiendo sobre nosotros mismos como sujetos.

Así, sujeto hacedor (homo faber) y objeto producido (gnomón), nos relacionamos sobre el punto de apoyo de una palanca predicativa (proposición universal), y pivoteando en torno a la relación  interrogación/la aceptación, entendimos y aceptamos  el estar ahí, arrojados a la vida porque somos, existimos.

Rubén CALVINO

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