MODELO ANTROPOGNOMÒNICO DE LA EVOLUCIÒN HUMANA

 

Autor: Rubén CALVINO

 

Advertencia:

Por el carácter dinámico y actual del tema, en este Modelo Antropognomónico de la Evolución Humana, permanece firme la mirada general y gnomónica del tema y son provisionales las ramificaciones y denominaciones de las especies y subespecies.

 

El Modelo Evolutivo Antropognomònico de la Evolución Humana, supone que el proceso filogenético verificado en el gènero homo, reconoce  al crecimiento alomètrico e hipermòrfico de la capacidad encèfalocraneal como su motor biológico, en tanto que el direccionamiento de cambios se orienta teleológicamente en pos de la optimización gnomónica del género, mediante la selección natural y social de los mejores adaptados a los cambios climáticos pleitocènic-holocènicos, a través de la asimilación, hibridación y/o la sustitución intersubespecìfica entre todos los ejemplares del gènero homo que alcanzaron a desarrollarse en cada tiempo y lugar de encuentros generados por la expansiòn.

evolution

Este proceso se cuantifica a través del cociente de encefalizaciòn y cualitativamente se verifica en la hipermorfosis craneoencefálica de la evidencia fòsil en general y muy particularmente por la gracilidad anatómica, el desarrollo del área cerebral 7(precúneo) y la aparición de genes ligados a la trascendentalidad, como el VMAT2.

El crecimiento alomètrico, ha sido el que motorizó las modificaciones que se verifican en las proporciones relativas dentro del propio género y el que originó la gran divergencia taxonómica que nos separa del resto de los simios actuales y animales en general, pero por sobre todo, fue también el que por tener un gradiente de crecimiento temporal y geogràficamente diferenciado, debido en gran medida a las diferentes condiciones ambientales, habría sido  causa exterior de las distintas subespecies humanas extintas que evolucionaron de maneras diferentes y divergentes, tan diferentes y divergentes, como lo fueron las latitudes geográficas y las condiciones y medios ambientes a que tuvieron que adaptarse lejos de lo que fuera su cuna africana.

latitudes

Al parecer habría sido el homo ergaster el primero en emigrar de Àfrica hace 1,5 millones de años y en su migrar expansivo se habrían sucedido diversas oleadas del mismo gènero como asì también de los homo erectus, separadas quizás por años, muchos años, y siendo cada una de estas oleadas, las portadoras de su propio estadio de crecimiento hipermòrfico ya iniciado en Àfrica, como de su tendencia a la verticalizaciòn y gnomizaciòn corporal creciente, las diferencias de latitudes geográficas y condiciones medioambientales, fueron sin lugar a dudas, los factores que han marcado las diferencias anatómicas y de velocidades en el crecimiento alomètrico de cada grupo homínido y en consecuencia, la causa de las diferenciaciones entre subespecies del homo.

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Las veriaciones más notorias pudieron ser el mayor espigamiento corporal, entre otras cosas motivado por la necesidad de mejorar las condiciones refrigerantes de cuerpos cada vez más pesados, la gracilidad anatómica motivada posiblemente por el jugar y experimentar con las sombras y finalmente el crecimiento encefálico hasta que en el Homo sapiens gnomónico  aparezca desarrollado el área cerebral 7 y el precúneo.

Así con la expansión del gènero por Eurasia luego de salir de Àfrica, se desarrolló la muy difundida figura del candelabro como manera de explicarnos gráficamente la expansión humana, pero en verdad, no basta para comprender su complejidad y poligenia, por lo que debemos poner de relieve e insistir en que la ramificación del candelabro representando la diferenciación del género, se debe a las diferencias del gradiente de crecimiento alomètrico impuesto en cada caso por las condiciones ambientales locales a las que a cada grupo homínido le tocó adaptarse en latitudes distintas y que luego, dado el origen del género en las zonas afro-ecuatoriales y a su tendencia ininterrumpida encaminada hacia la optimización anatómica del cuerpo como gnomon zoológico, es que teleológicamente, la selección entre las subespecies (inter-subespecìfica) de la evolución poligénica, se habría orientado dominantemente hacia privilegiar la adaptación respecto al Sol y fundamentalmente a seleccionar entre los ejemplares de las subespecies, a los mejor adaptados para valerse de su condición anatómica para orientarse en el tiempo y el espacio espacial valiéndose del Sol, del cosmos y de sus correlatos con las migraciones de las presas animales y los alimentos vegetales. A los más favorecidos para orientarse por los posicionamientos diarios del sol y las diferentes estaciones climáticas, ya sea por la conformación gnomónica del propio cuerpo (la posición bípeda y erecta) como por la experiencia gnomónica experimental acumulada y transmitida generacionalmente, se le habría facilitado mucho el transitar la geografía e incluso con su saber, pudieron convencer y arrastrar con ellos a todos aquellos que desarrollados en latitudes alejadas del eje ecuatorial (variantes siberiensis, neandertalensis, denisovanos etc), no obstante, se asimilaron mediante un proceso múltiple en el que se habrían conjugado la inclusión social, la hibridación entre sub-especies diferentes, como así también la exclusión y sustitución de los componentes.

Si bien es cierto que la dinámica de la investigación no admite un modelo estable de evolución que aluda a especies y variantes determinadas, igualmente se intenta conciliar los conocimientos  con los nuevos hallazgos de forma forma provisional.

En el modelo del candelabro, por ejemplo, cada brazo se corresponde con un conjunto de oleadas migratorias de un taxón determinado que pudo dar lugar a la aparición poligènica de las subespecies del Homo floresiensis, el Homo neandertalensis, Homo siberiensis y el Homo que sin salir de su cuna, siguió evolucionando dentro de Àfrica hasta agotar la totalidad de las posibilidades del crecimiento alomètrico del encéfalo y su total consumación hipermòrfica.

Este linaje africano cuando emigra, conforme nuestra mirada gnomónica, lo hace ya totalmente consumado en su anatomía como un perfecto gnomon zoológico que, recto y erguido sobre su bipedismo, y a diferencia de todas las demás especies que lo rodeaban y de las cuales seguramente se percató como diferente, fue favorecido por las condiciones del medio ambiente  ecuatorial para entregarse casi como un juego al principio, a la experimentación con su propio cuerpo y sombra solidaria.

candelabro

Asì surge lo que decidimos llamar Homo gnomónico experimentador (OMO I y OMO II) como el posible primer antropos gnomónico que es anatómicamente un gnomon zoológico y que como tal experimenta jugando con su sombra pero que aún no se sabe a/sí mismo un gnomón y que al momento de salir de Àfrica, quizás ya sabiéndose gnomon, le cupo el involuntario e inevitable rol de liderar los destinos de la evolución del gènero, principalmente conduciendo a las SUB-especies que por entonces aùn no habían consumado su evolución hipermórfica y consiguientemente, de imponer la conducta gnomònica en relación con los correlatos solares y cosmológicos.  Con estas subespecies que el Homo sapiens gnomónico se hibrida y migra, no solo se alejó de África sino que por momentos también regresó y recientemente se han verificado genéticamente su presencia en el continente.

Asì las cosas, el candelabro se forma por oleadas eruptivas de la diversidad del gènero de cada época, las que como el magma de un volcán se expandieron sobre la geografía en torno a su epicentro africano, dando lugar a todas las variantes biológicas que hoy surgen de la evidencia fòsil y ha tenido flujos y reflujos.

Dado el carácter originariamente gnomónico del género homo, las tardías oleadas salientes de África, posiblemente derivadas del tipo OMO, pudieron  liderar centralmente al conjunto a medida que se encontraban, haciendo que todas las subespecies se hicieran concurrentes al mismo fin (evolución teleológica) de alcanzar su óptima relación con el Sol, por lo que sin proponérselo y de hecho, paulatinamente se ocuparan los mejores sitios de la franja gnomónica planetaria, donde con el paso del tiempo se verán florecer las civilizaciones más destacadas de la historia.

De esta manera, el candelabro evolutivo descripto, se pone cabeza abajo por los entrecruzamientos y por el resultado final de lo que muy vagamente se suele denominar “el hombre moderno”, Este hombre moderno,  es en un principio un hombre que se sabe productor de sombras propias, y capaz de servirse de ellas para orientarse, es así que ese hombre marca sus tiempos diarios y calendàricos conforme a dichas sombras -es el Homo sapiens gnomónico-. Luego con la aparición del maquinismo, la industria y fundamentalmente el ferrocarril, el tiempo gnomónico  cede su lugar al tiempo mecánico y este al tiempo electrónico y atómico, quebrándose de esta manera el carácter gnomónico del antropos y convietiendose en un antropos técnico tendiente a la hibridación completa con la técnica.

Conforme a lo descripto, vemos que el género homo se evidencia como un proceso filogenéticamente en formación de y manifestaciones diversas no totalmente consumadas en su crecimiento alomètrico hasta la apariciòn del antropos gnomónico, y que mediante la selecciòn de los mejor adaptados a las nuevas condiciones climáticas de finales del pleistoceno y comienzo del holoceno, se orienta inevitablemente hacia optimizar las relaciones entre las condiciones anatómicas y subjetivas alcanzadas por el gènero con el cosmos, tomando al Sol como su principal orientador y referencia. Los mejores adaptados a estas condiciones y por lo tanto favorecidos, pudieron ser los representantes tardíos provenientes de Àfrica.

Este modelo se funda en que el proceso de crecimiento alomètrico del encéfalo iniciado en los pre homo hàbilis y su expansión que como coronación llega a las diferentes subespecies de sapiens/sapiens, sapiens neandertalensis, sapiens floresiensis, sapiens siberiensis y sapiens chiniensis, fuè un indetenido proceso hipermòrfico que una vez iniciado, pudo tener cocientes incrementales de crecimientos tan diversos como diversos fueron los medios y condiciones generales impuestas por la expansión y que tanto ontológica como filogenéticamente, ese proceso de crecimiento encefálico relativo continuó evolucionando en cada especie y grado, dentro y fuera de África, aunque, en el Homo sapiens gnomónico, por su visualización de las sombras en el espacio, es quien más habría complejizado la evolución del área cerebral 7 y el precúneo.

De esta manera, no habría un hombre moderno como vagamente suele decirse, en todo caso se verifica que hubo un hombre sabedor de su condición gnomónica que orientó teleológicamente el proceso evolutivo en lo anatómico y filogenético (hibridación, sustitución) como en lo social (asimilación, cruzamientos, asociación) y técnico, dando lugar al desarrollo de las más evolucionadas manifestaciones civilizatorias de la antigüedad: Luego, ese mismo hombre con experiencia gnomònica, al sustituir el tiempo gnomónico por el tiempo mecànico, pese a no cambiar anatómicamente pues habría alcanzado su culminación filogenética, cambia no obstante su imagen y sus modos.

Al igual que otros modelos de la evolución humana propuestos con anterioridad, el Modelo Evolutivo Antropognomònico en mérito a las evidencias fósiles y a la geografìa, concede al continente africano un papel clave en la evolución de las características modernas y gnomónicas, no obstante, hay que decir que ese papel clave adjudicado al continente africano, no es lineal ni absoluto sino que se le da como epicentro de una expansión que en forma de oleadas eruptivas se difundió a todas las latitudes llevando las características modernas y gnomónicas adquiridas en África por los homínidos y humanos que desde allí emigraron tardíamente y que luego, favorecidos por los cambios climáticos sobre los lugares a que arribaron, se habrían impuesto y transmitido a través de un proceso gradual y complejo de asociaciones especìficas e intrespecìficas,, asimilaciones e hibridaciones por cruzamientos y conflictos diversos.

La ola extendida con centro en el Este ecuatorial africano, a orillas del Lago Turkana (ex Rudolf), se extiende por toda Europa y Asia en tanto en Àfrica continuaron evolucionando los ejemplares kenyanthropus y rudolfensis (en alusión al Lago Rudolf) que podríamos considerar como muestras concretas de los primeros pre-antropos gnomònicos o simplemente gnómones zoológicos en proceso de consumación en función del desarrollo hipermòrfico y anatòmico

De esta manera los neandertales y los homos arcaicos que se desarrollaron fuera de Àfrica, habrìan sido asimilados distintamente por las sucesivas oleadas eruptivas con centro africano a través de cruzamientos generalizados y posiblemente también, en torno a la prevaleciente consumación del carácter gnomónico de la figura bípeda y erecta del africano tardío con un cerebro capaz de verse a/sì mismo como un objeto fuera de/sì, a la manera de un cuerpo indisolublemente unido a una sombra que supo utilizar para orientarse en el espacio y en el tiempo; es decir con capacidad de ideación simbólica y orientación espaciotemporal que pudo a su vez favorecer el desarrollo del área cerebral 7 y el precúneo como característica excluyentemente del hombre gnomónico, en tanto que generar una tendencia dominante sobre el resto de los humanos en formación y conducirse geográficamente por distintos corredores en pos del Sol hacia un mismo fin gnomónico y orientador que se verifica en todo lugar donde el Homo sapiens moderno ha llegado y dejado algún legado.

Dentro de la franja planetaria con intensa incidencia solar o franja gnomónica, es donde se halla el mayor número de evidencias del paso gnomónico del Homo sapiens/sapiens u Homo sapiens gnomónico.

FRANJA GNOMÓNICA

En consecuencia, la evolución y establecimiento de características modernas y gnomónicas, fue un proceso complejo de mezcla y no una mecánica y simple sustitución y reemplazo de una especie por otra. Las evidencias estarían diciendo que se habría dado una evolución filogenética interespecìfica y teleológicamente dirigida hacia la consumación del máximo desarrollo encefálico hipermòrfico correlativamente con la optimización de la adaptación a las relaciones con el Sol y el cosmos. Evoluciòn que, con origen eruptivo en el Este ecuatorial africano, se orientó en pos del Sol y como resultado final supo arrojar lo que conocemos hoy como subespecie Homo sapiens/sapiens o simplemete como Homo sapiens gnomónico. Evoluciòn que reabre la discusión en torno al concepto de especie y que desde lo gnomónico se vislumbra como “ESPECIE EN FORMACIÒN”, teniendo a los primeros homínidos como sus infantes, a las versiones de Homo erectus como adolescentes y al Homo sapiens / sapiens como adulto totalmente consumado en Homo sapiens gnmónico, dentro y fuera de àfrica.

 

Rubén CALVINO

 

Más información: http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/modelo-antropognom-nico-de-la-evoluci-n-humana
Publicado por Historia y Arqueología® en www.historiayarqueologia.com

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