HIPÓTESIS, CONCLUSIONES GNOMÓNICAS Y TEORÍA EVOLUTIVA

¿De qué manera las culturas tan diversas como distantes geográficamente, llegaron al diseño del  mismo instrumento para medir el paso del tiempo?

¿Qué factores hicieron posible que culturas tan diversas como distantes geográficamente, se valieran del gnomón como instrumento para medir el paso del tiempo?

Al hacer un simple arqueo de las evidencias materiales que presumiblemente pudieron cumplir con funciones gnomónicas  (arqueognomónica) en la mayoría de los sitios, se aprecia muy claramente que hubieron culturas tan diversas como geográficamente distantes, que supieron compartir, reproducir, reinventar o directamente inventar de por sí, un mismo y esencialmente único instrumento destinado  a cumplir  con la función de medir el paso del tiempo de manera universal, nos referimos concretamente al gnomón como instrumento específico.

Esta unidad de respuesta  instrumental alcanzada por culturas tan diversas como distantes con el fin de dar cumplimiento a una misma función, inevitablemente hace que nos preguntemos de que manera se produjo, como y cuáles fueron los factores que hicieron posible este fenómeno

Para comenzar a respondernos, debemos reconocer una  paradoja arqueológica de la que no podemos sustraernos y que surge de verificar que como ciencia social, la arqueología carece de información directa sobre los comportamientos humanos, no obstante ser dichos comportamientos humanos su propio objeto de estudio. Esta paradoja es a la vez su gran obstáculo.

Frente a tal carencia de información directa, la arqueología intenta conocer aspectos de la cultura del pasado a través de los restos materiales que aún se conservan y esta situación le impone circunscribir la reconstrucción del comportamiento humano en el pasado a la materialidad hallada; al estado de su conservación a través del tiempo y a las posibilidades prácticas que tiene el arqueólogo de recuperar la mayor cantidad posible de materiales.

Esto significa pasar por tantos filtros que finalmente ponen en riesgo a la propia arqueología como ciencia y mucho más cuando como disciplina ofrece mucha impedancia a la experimentación, a veces por carecer de los materiales que la posibiliten o de medios.

No obstante dicha dificultad, la arqueología experimental comenzó en 1920 cuando en el Centro Experimental Suizo, R.Schmidt y H.Reiner reconstruyeron dos cabañas neolíticas y desde entonces se reforzó esta tendencia que intenta reproducir situaciones del pasado como por ejemplo, las prácticas líticas que posibilitaron fabricar las primeras herramientas de piedra,

Otra forma es experimentar a partir de algunos objetos vinculados con aspectos concretos, y en este sentido presentamos un ábaco para la práctica y comprensión  de la aritmética de base vigeismal mesoamericana.

Al indagar entonces sobre las causas que pudieron dar lugar a la manera tan simple y universal de medir el tiempo mediante el gnomón, nos damos cuenta que para encontrar una explicación convincente, no basta solo con la las evidencias materiales ni con las teorías arqueológicas más recurrente, ya que no se puede saber cuál fue el canal de comunicación que trajo el gnomón a Las Américas ni el soporte que tuvo ese canal de comunicación como para poder vehiculizar el mensaje de tal conocimiento durante el tiempo necesario para su difusión.

Por este motivo lo que debemos advertir en primerísimo lugar, es que al no encontrar ninguna comunicación posible entre las culturas que dejaron testimonio del conocimiento y uso del gnomón, todo se circunscribe en torno al hombre y en tanto no hallemos otros canales de comunicación que nos expliquen como el gnomon transitó el planeta, tenemos que aceptar que tal canal de comunicación, se debe encontrar en el propio hombre, quien operando como soporte, es quién pudo vehiculizar el mensaje, de modo que se hace imprescindible indagar en los canales de comunicación que el hombre como vehículo en situación migrante por el mundo, pudo ofrecer para llevar el mensaje desde la cuna africana al extremo sur del planeta.

Es decir que si nos circunscribimos al hombre como única evidencia concreta del migrar por el mundo, ineludiblemente el vehículo tuvo que ser el mismo hombre y el canal de comunicación que habría de ofrecer sus servicios para llevar el mensaje de manera latente con el objeto de ser reproducido allí donde las condiciones  fueran favorables, inevitablemente tuvo que ser la subjetividad humana.

Siendo así, cobra importancia la protocolización del arqueo gnomónico en los sitios del pasado humano, tanto en forma directa como indirecta a través de sus mitos, tradiciones y fundamentalmente de las posibles evidencias que hagan sospechar que tal o cual monumento u objeto, pudo haber cumplido funciones gnomónicas, de manera tal que se pueda completar la reconstrucción de los comportamientos pretéritos a partir de la reconstrucción de la subjetividad e incluso poder experimentar con aquellos objetos gnomónicos hallados y/o sus reproducciones de laboratorio. De esa manera,  verificando  los posicionamientos del sol y las proyecciones gnomónicas, puede luego contrastarse con la subyacente genealogía gnomónica que se esconde tras los numerosos héroes mitológicos de la mayoría de las culturas originarias y vivenciar así, los posibles sentimientos de aquellos homanos que nos precedieron en el tiempo.

Experimentar en laboratorio con la mecánica anatómica, le permitió a la antropología rectificar un viejo error, que resulta muy significativo  para nuestra mirada gnomónica, ya que hemos descubierto que, a pesar de que los chimpancés giran su pelvis mucho más que los humanos, también usan su tronco para compensar este movimiento>> explica Nathan Thompson.

Este uso compensador del tronco favorece la bipedestación y nos hace saber hoy, que el bipedismo ya se encontraba muy desarrollado en los antecesores de nuestra especie, por lo que la experimentación gnomónica que mas tarde comenzó el Homo sapiens /sapíens con su propio cuerpo, encontró allanado el camino para exigir de su anatomía las posturas corporales y figuras que finalmente culminaron en la optimización de la condición eréctil, grácil y de perfecto gnomón zoológico vertical y ambulante.

Esta posibilidad de experimentar a partir de los objetos gnomónico in/situs  y/o con sus réplicas en laboratorio, es lo que la disciplina arqueognomónica pone en manos de la arqueología para experimentar con una Arqueología gnomónica.

Por ello es que hablamos de ARQUEOGNOMÓNICA y tratamos de reproducir la fenomenología gnomónica inmediata al gnomón u objeto gnomónico (estela pirámide etc), mediante réplicas debidamente orientadas, construidas a escala, y en algunos casos iluminadas adecuadamente por un “heliodón”, dejando la mediatez de los astros y cambios operados en los cielos para laarqueoastronomía.

Ya en 1.973, David L Clarke supo sentenciar que la arqueología se puede convertir en una “forma irresponsable de arte” si no se desarrollaba teóricamente relacionando los restos materiales con el comportamiento humano y si no se reconocía que el arqueólogo posee sólo una muestra reducida de lo que se propone estudiar. Y en este camino de relacionar lo antropológico con la evidencia material encontramos a Anne Chapman (1922/2010) y al científico polaco  Witold Kula (1916/1988) que supieron relacionar los mitos, las tradiciones y la reconstrucción superestructural, con la infraestructura material hallada.

Curiosamente Witold Kula al dar comienzo a su obra LAS MEDIDAS Y LOS HOMBRES,  toma el mito de la genealogía bíblica y presenta a Caín, hijo de Adán y Eva, como el inventor de la medida, y esta imputación obviamente simbólica extraída del relato bíblico, independientemente de su cuestionable valor de verdad científica, lo que nos está diciendo con el lenguaje simbólico de tiempos con gravitante influencia  sumeria, es que el conocimiento de la medida se remonta a la segunda generación simbólica de la especie, de lo cual bien podemos inferir que si medir es un acto racional, esa racionalidad y el valerse del cuerpo como instrumento, aunque pudo surgir muy tempranamente, no fué en los inicios de la especie. Por lo que como hemos dicho muchas veces, con el origen de la especie en alguna zona intertropical o directamente ecuatorial, sí comenzó el juego con las sombras (etapa gnomónica lúdica) para luego del juego, posiblemente hace unos 100.000 años a.p. el humano toma conciencia de su condición de gnomón ambulante (etapa reacional) y a fuerza de experimentar  posturasdireccionamientos y comparar longitudes de sombras, se convierte en sapiens gnomómnico.

Así el relato mítico del origen de la medida se corresponde temporalmente con la conversión delantropos gnomón en sapiens gnomónico.

Homo omnium rerum mensura est, “El hombre es la medida de todas las cosas”, este es el principio filosófico más conocido de Protágoras y alude al contraste entre la escala humana y la escala del mundo que lo rodea. Conceptualmente se suele designar como Homo mensura entendiendo que “El hombre es la medida”.

En la disciplina gnomónica esta sentencia es correcta aunque insuficiente, porque si bien es cierto que la altura del cuerpo humano es la unidad de medida gnomónica fundamental y relativa para medir la sombra arrojada sobre el piso, también  el cuerpo humano es gnomón y como tal es el instrumento de medición, de manera que el cuerpo humano, además de ser la medida, es el “metric o metrum” o instrumento de medición, por lo que la definición de medidas antropométricas de las sombras  se refiere a la medida de sombra que nos procura el “instrumento antropo” y a sus proporciones.

En la disciplina gnomónica entonces, el hombre es el instrumento de medición (gnomón) y medida de todas las cosas.

Siguiendo esta línea de investigación elegida por Witold Kula , si tomamos el Génesis bíblico ( 1:26-27) vemos que:

1:26- Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

1:27- Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
¿Qué significa “a su imagen y semejanza”?

Por imagen se entiende la figura de una persona o cosa que es captada por el ojo y en hebreo, la palabra “imagen” es “Tzelem” y esta derivaría de la raíz Tzel, la cual significa sombra.

Es interesante observar entonces, que la misma raíz significando sombra, en ruso es тень, en euskera  itzal, en bieloruso цень, stín es en checo y tieň en eslovaco, además si volvemos a Tzelem, guarda un parecido con Schatten en alemán. Lo cual aunque se escriba un tanto diferentes pudieron tener una misma fonación originaria.

Si esto es así, el hombre sería la sombra de Diós, y Diós el cuerpo opaco que oficiaría de gnomoninterceptando los rayos de luz.

En tanto que “sombra” el hombre es la Imagen oscura que proyecta el cuerpo opaco sobre la superficie terrestre para interceptar con los rayos de luz, por lo que la sombra, míticamente, nació con el hombre y con ella convivió hasta que Caín, inventó la medida. A partir de ese momento, el hombre supo de su sombra y la midió (sapiens gnomónico).

 

¿Diós es la luz?

NO. La biblia dice que la luz del mundo es parte de la creación de Dios y no es Dios.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios.

Esto es que ese resplandor, puede interpretarse como el atesoramiento interior del conocimiento de la luz y la sombra.

Luego, si bién Diós es una hipótesis que la ciencia no necesita (Enrico Ferri), el cuerpo de hipótesis gnomónicas que sugiere y puede extraerse de los mitos originarios, es tan rico y revelador, que no puede ni debe ser desaprovechado por el investigador del pasado humano.

La palabra “semejanza”, significaría molde, forma, semejante y la palabra hebrea para ello es “Demut”.

Entonces, fuimos moldeados corporalmente para ser iguales a Dios…no como dioses, sino como su Sombra, haciendo en la Tierra lo que Él hace en el Cielo.

Dios quiere  que séamos su reflejo, tal como la sombra por el mismo Diós moldeada es reflejo del cuerpo

2:7– Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Evidentemente, quienes escribieron el Génesis bíblico, muy posiblemente tomando textos sumerios y caldeos preexistentes, interpretaron la obra del hacedor, conforme a los recursos de la técnica que manejaban, de modo tal que al hacer el cuerpo del hombre, lo hicieron con “el polvo de la tierra” y dejaron en las míticas páginas la marca alfarera de su época.

El Génesis bíblico entonces, es una obra inspirada en la técnica de la alfarería, probablemente proveniente de la Región Sumeria, lugar donde hay evidencias que avalan la posesión de avanzados conocimientos gnomónicos e incluso de la trigonometría que posteriormente condujo al teorema de Pitágoras. (ver otros blogs)

Hay una línea de investigación de tipo histórico social, iniciada por el sociólogo francés Gabriel Tarde, que concede un papel determinante a los fenómenos de difusión y de influencias recíprocas imitativas entre las culturas (difusionismo).

Sus cultores, entre otras cosas, recurrentemente suelen decir que fue Tales de Mileto, por ejemplo, quien desde Egipto, introdujo el gnomón en Grecia, de modo tal que sugeriría que en Egipto se habría inventado el gnomón.

Esta mirada parte del principio de innovación y si bien en el caso del origen del gnomon estaría en lo cierto, es solo un aserto general que afirma que este instrumento universal para medir el tiempo, provendría del continente africano. Como línea de investigación es interesante porque abre muchos caminos al debate; que por citar uno, digamos que hay quienes le conceden  a Tales de Mileto  (el Franklin de la antigüedad) el mérito de llevar el gnomón a Grecia mientras que otros dicen que en rigor de verdad, ha sido su discípulo  Anaximandro,  ya que según parece Tales de Mileto nunca habría salido de su país (George Sartón).

Como hemos dicho, esta es una manera de explicar satisfactoriamente el origen general del instrumento como así también la presencia y diversificación del gnomón en Grecia y en todo Europa, pero no alcanza para explicar el como ni porqué, existió en América desde muchísimo tiempo antes que se establecieran los posibles fenómenos de difusión e influencias recíprocas entre las culturas distantes.

Ante esta limitación del difusionismo surgida a partir de comprobarse que no habría puentes geográficos posibles como para haberse establecido algún canal convencional de comunicación, ya sea por imitación o influencias mutuas entre culturas, surge la necesidad de encontrar otro canal de comunicación  alternativo y el vehículo portador del mensaje para explicar la transmisión de saberes y como el elemento esencial que nos ocupa es el hombre, encontramos que así como el hombre es la medida e instrumento gnomónico, pudo también ser el reservorio y vehículo de todo cuanto la especie humana supo producir al momento mismo de migrar de su cuna africana. Y del mismo modo como en la Biblia encontramos algunas posibles evidencias simbólicas de lo que pudo saberse en la prehistoria, en las mitologías originarias de Sudamérica también hallamos algunos datos que sugieren que el conocimiento pudo haberse refugiado y conservado en forma latente, dentro de la subjetividad humana, quedando atesorado y guarecido en ella hasta que el desarrollo económico y material de la comunidad portante, se convierta en el medio fértil capáz de hacerlo florecer.

El conocimiento gnomónico, según evidencias, fue adquirido ya en tiempos remotos y antes de salir de Áfirca, de lo cual surge que habría sido llevado cual semillas en la subjetividad de los más lúcidos ejemplares de aquellos primeros Homo sapiens /sapiens, (chamanes y sabios) para ser reproducidos en cada sitio y momento que las condiciones ambientales y materiales se lo permitieran durante su peregrinar por el mundo, de modo tal que, la gnomónica, tal cual se puede probar, ha surgido en sitios muy distintos, distantes y hasta con relativa discontinuidad en el espacio recorrido por el migrar humano.

Esto hablaría de un determinismo cuasi zoológico que explicaría el como y porqué en América y otros lugares del mundo se repitiera el gnomón como instrumento para producir y medir la sombra, y que tiene que ver con la relación cuerpo biológico / cuerpo material inorgánico, porque sin lugar a dudas, de modo totalmente independiente y sin posibilidad de influencia alguna, habría habido quienes a partir de su propio cuerpo quizás, y movidos por algún impulso, repitieron las experiencias vividas por sus antecesores, transmitidas quizás oralmente y en ceremonias inicíacas, y reinventaron el gnomón sin traerlo de ninguna parte mas que de su propia subjetividad guarecedora.

En este contexto resulta muy revelador el mito originario de la cultura Selk´nam de Tierra del Fuego, ya que pese a que no está respaldado por ninguna evidencia arqueológica que siquiera haga sospechar que supieran construir viviendas o monumentos en piedras, su mito central no obstante, habla de una construcción ceremonial megalítica.

Efectivamente, la choza ceremonial del HAIN masculino Selk´nam, de probada existencia histórica y arqueológica, era sostenida en troncos,no obstante, los Selk´nam en su mito de los hoowin o seres míticos, lo habían hecho de gigantescas piedras, con lo cual, desde un presente de precariedad material y riquísima vida artística y espiritual, aquellos humanos australes, reproducían en su mito, la  choza ceremonial, pero proyectada y magnificada hacia el pasado, como una mega-construcción lítica que en lugar de partir de siete postes de madera principales, lo haría de siete enormes piedras principales como las traídas al mítico lugar Máustas, levantadas por los siete hombres más fuertes, desde las siete regiones principales de las que, cada uno de ellos era oriundo.

Conforme relata la investigadora Anne Chapman (1922/2010), la mítica choza estaba sostenida por grandes piedras y la inmensa construcción contaba con una planta circular que, según podemos comparar,  se vería como un MEGA STONE-HAIN TSONEK´N o mega círculo de piedras sudamericano, curiosamente construido, (si consideramos que los Selk´nam eran tsonek´n o tehuelches del sur, originarios de un sitio cercano al Cerro Chaltén) en un una Latitud gnomónica equidistante y hemisféricamente opuesta al conocido STONE-HENGE BRITÁNICO u círculo de piedra inglés.

Luego, esta estructura, soñada por  aquellos humanos australes, habría sido traída desde tiempos inmemoriales en la subjetividad  en su migrar de Norte a Sur hasta ubicarse en la propia Isla Grande de Tierra del Fuego.

Ese deseo contenido de levantar un acabado y pétreo STONEHAIN, habría sido guardado de modo potencial en la subjetividad de los los Selk´nam originarios y transmitidos generacionalmente a la espera de su tiempo de realización, de un tiempo en el que las condiciones objetivas les permitiera hacerlo realidad, quizás, del mismo modo como supieron hacerlo con la educación de los niños que aunque en la concepción tehuelche eran totalidades acabadas, igualmente se los resguardaba a la espera de que las condiciones materiales y económicas concretas, le fueran favorables y que las circunstancias observadas, les indicara que ya era tiempo de ser efectivamente probados en los rigores de la iniciación del HAIN ceremonial.

Esta vehiculización humana ofreciendo la subjetividad como guarida y canal a la manera de refugio para el deseo no consumado y potencialmente atesorado, pudo ser el modo en que la primerísima experimentación gnomónica con el propio cuerpo, realizada con anterioridad a la salida de África, como así también la representación exterior del cuerpo, primero con un palo y luego con alguna piedra, indudablemente migró con el hombre y llegó a todos los rincones del planeta donde haya llegado el Homo sapiens / sapiens.

La experimentación atesorada en la subjetividad (de chamanes y sabios), conservada negativamente y guarecida a la espera del florecimiento económico para su positivización, pudo ser el modo en que el conocimiento gnomónico se trasladó desde los orígenes del sapiens gnomónico en África, al poblamiento más extremo y autral del planeta. Ellos, los Selk´nam dejaron evidencias gnomónicas que, pese a no mostrar una continuidad material en lo que pudo ser el recorrido de la oleada migratoria que les diera origen (huárpidos/canoeros), su rastreo sin embargo, sugiere una línea conductora que une los diversos sitios que se hallan aisladamente como consecuencia de que el conocimiento no florece en cualquier parte sino allí donde objetiva y económicamente se ve favorecido.

Esta construcción imaginaria entonces, sin lugar a dudas tuvo que ocupar la subjetividad tsonek´noriginaria de tal manera, que al no poder concretarla, devino en potencialidad deseada y guardada como los tsonek´n guardaban a sus niños.

Recordemos también, que las tumbas tsonek´ llamadas -chenques- eran agregados coniformes de piedras que silenciosamente podrían estar manifestando el deseo de perpetuación del hombre patagónico. Deseo de perpetuación contenido y demorado que fuera relativamente irrealizable durante la ancestral migración hacia el continente Americano y que no obstante, pudieron portar en la subjetividad, esperando la oportunidad en la que el ambiente y sus posibilidades le permitieran amplificar la matriz del HAIN real, cambiando su composición material de la madera por piedra, en la misma forma como lo realizaron otros pueblos.

De un mega-stonehain, obviamente, no hay ningún hallazgo arqueológico que lo sustente, dado que según Anne Chapman, solo circuló como mito, lo cual habilita pensar como verosímil, que en la manera de razonar del tsonek´n y para la creación del mito, pudo operar algún mecanismo psicológico basado en la proyección hacia el pasado mítico, de todo aquello que por resultar relativamente imposible de concreción inmediata, presente, se haya pospuesto y guardado en estado potencial y deseable, a la espera de condiciones objetivas y de habilidades humanas concomitantes que pudieran favorecer su desarrollo material, posibilidad y efectividad real.

De ser así, podría pensarse que en algún momento del desarrollo ulterior, de no haber sido invadido y exterminado, el pueblo selk´nam hubieran podido volver a reconstruir el pasado ancestral en un presente al que lamentablemente, los selk´nam nunca arribaron debido al exterminio de la casi totalidad de sus componentes. Ellos seguramente habrían llegado a construir su propio Stonehain de no haberse producido la invasión de mercaderes y sicarios británicos que privilegiaron los negocios por sobre la vida de estas personas.

No hubo reconstrucción de su anterioridad porque les troncharon su ulterioridad.

Como contribución a la alimentación de esta mirada hipotética, la localización de dos pequeñas estructuras de piedra pircada con forma circular y una acumulación oval, parecida a un -chenque- o tumba tsonek´n en la propia cima de las sierras de Curicó, también conocidas como de la China, en la Provincia de Buenos Aires a 36º 46´95´´ de Latitud y 60º 34´29´´ de longitud Oeste, fueron registradas como de filiación tehuelche (tsonek´n) por el equipo de investigadores integrados por Patricia Madrid, Gustavo Politis y Daniel Poiré.

En consecuencia, serían construcciones de tehuelches pámpidos y o tsonek´n septentrionales de la región pampeana.
Es interesante destacar que la visión que desde el interior de la choza se habría tenido del cosmos, básicamente fue de forma circular y hasta esférico con el fuego central.

Para finalizar, digamos que el impulso que lleva al hombre a transformar el medio material inmediato con el firme propósito de reproducirse a/sí mismo de cuerpo entero y fuera de/sí, con el objeto de facilitar el hecho de verse en/otro  y su sombra, es en esencia, el mismo impulso transformador de la materia que llevó a los antecesores de nuestra especie a hacer, a partir de un simple palo, un garrote, o una lanza.

Nuestra especie, heredó de aquellas especies precedentes esa condición alteradora y modificadora del medio material, y yendo mas allá, hizo del palo o la lanza un gnomón igual a su altura o en proporción a ella, para hacer-se paulatinamente como estela gnomónica antropomorfa.

De esa manera, ese impulso ancestral de carácter antropológico que habita en el hombre, habría comenzado con el garrote y la lanza como extensión protética del brazo, para finalmente terminar convirtiendo al producto en prótesis total de sí mismo y unidad de medida relativa y universal de todas las cosas (Protágoras); esta conversión llega al punto tal que esa prótesis, hoy materialmente convertida en un evidente cuerpo social inorgánico (Juán Samaja) como afirma Bernard Stiegler, se configura cual genotipo técnico de la evolución.

Evolución que iniciada en África con la aparición del antropos gnomón (experimentación gnomómica mediante) hizo del hombre gnomónico la medida de todas las cosas, para culminar hoy con un nuevo y urbano tipo de homo que, negando al sol que lo hizo gnomónico, y auto-reproduciéndose a/sí, fuerade/sí, se convirtió en el único animal racional y protéticamente híbridado con la tecnología, que fue capaz de ubicarse como medida universal de tal hibridación.

 

 Rubén CALVINO

REFERENCIAS

Bipedismo

http://www.museoevolucionhumana.com/es/noticias-cientificas/el-anda…

 

David L Clarke: la arqueología, “forma irresponsable de arte”

http://rephip.unr.edu.ar/bitstream/handle/2133/5083/(2012)%20Anuari…

Génesis

http://antipas.net/sb/01sg.htm

Blogs

http://remarq.ning.com/profiles/blog/list?user=25zy7rk3ifc2h

 

EL  HOMBRE –gnomón zoológico

http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/el-hombre-gnom-n…

Deportistas tecnológicamente modificados y los desafíos al deporte

http://www.ub.edu/fildt/revista/RByD24_art-pereztrivino.htm

TECNOLOGÍA, ORTOPEDIA E HIBRIDACIÓN

José Luis González Quirós Universidad Rey Juan Carlos (España)

http://institucional.us.es/revistas/themata/46/art_2.pdf

Enrico Ferri

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrico_Ferri

Lola Kiepja: La última selk’nam tras el exterminio en la Patagonia

http://www.biobiochile.cl/2015/04/26/lola-kiepja-la-ultima-selk-nam…

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